
- Alba Cabrera
Periodista - Barcelona
Actualizado el 18/08/2026 18:16 CEST
Hay atletas que se miden sus carreras en kilómetros, metros de desnivel y horas. Pero hay otras que las miden en significado, reto y visibilización. Y Maria Petit (Salomon) conoce bien esa segunda manera de afrontar las carreras de montaña.
Esta corredora catalana perdió la visión a los 17 años, tras un accidente de tráfico. Desde entonces, el running y el trail se han convertido en una parte fundamental de su vida. Maria Petit ya ha participado en diferentes carreras de asfalto (como la Hyundai Mitja Marató Barcelona by Brooks) y de montaña (como recientemente la Sierre-Zinal), siempre acompañada por sus guías y utilizando una barra direccional que permite coordinar sus movimientos sobre terrenos técnicos.
En 2025 ya formó parte del Team Adaptive del HOKA UTMB Mont-Blanc y completó la MCC (40K). Ahora, Petit regresa a este gran evento como integrante de este proyecto de inclusión, que busca garantizar la presencia de atletas con diferentes tipos de discapacidad en el trail running. Esta vez, Maria se enfrentará a la ETC: 15 kilómetros y 1.200 metros de desnivel positivo con salida y llegada en Courmayeur.
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Redacción
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David EscamillaPero detrás del dorsal hay mucho más que una carrera. Está la dificultad de encontrar guías para entrenar, la necesidad de construir una confianza absoluta con ellos y una forma diferente de interpretar la montaña. Por eso, antes de ponerse de nuevo un dorsal en Chamonix, María Petit ha hablado con Mundo Deportivo sobre cómo se prepara para correr sin visión por segundo año consecutivo en la UTMB Mont-Blanc, la relación con sus guías y, sobre todo, qué queda todavía por cambiar para que el deporte y la vida en general sean realmente accesibles para todo tipo de personas.
María Petit en la entrevista con Runedia por su participación en la UTMB Mont-Blanc 2026TONI GRASES - UTMBMaría, este año vuelves a Chamonix para correr la ETC, que son 15 kilómetros. Quería que me explicaras qué crees que va a cambiar respecto a tu participación del año pasado.
El cambio de distancia se debe a diferentes factores. En primer lugar, tras la experiencia del año pasado, hacer los 40 kilómetros de la MCC fue duro. Fue bastante duro, tanto a nivel físico como mental. Y cuando digo que fue duro, no me refiero solo a título individual, sino como equipo: las personas ciegas vamos con una barra direccional y dos guías al correr en montaña.
Recuerdo que, tras la MCC, todo el mundo me decía: "El año que viene, la OCC". Para mí es difícil de comprender... Si un maratón me ha costado tanto y he llegado bastante al límite, ¿por qué tengo que hacer más distancia? Realmente no le veo sentido. Prefiero consolidar mi nivel y evaluar cuál es mi distancia ideal, que está más cercana a la media maratón.
Yo era atleta velocista en 2014, cuando me preparaba para los Juegos Paralímpicos, y vengo de la velocidad; es lo que mejor se me da por terreno. Además, cuando eres una persona ciega y vas por la montaña guiada —en mi caso, la intuición y la adaptabilidad son clave—, la exigencia provoca un agotamiento mental enorme. No es solo un tema físico, es sobre todo mental.
Por otro lado, la decisión se cruzó con mi participación en Sierre-Zinal, una carrera muy exigente que hice en Suiza hace una semana. Estaba en una situación de incertidumbre, pues la decisión entre la ETC o la MCC dependía de si corría o no en Suiza. Al final pude hacer Sierre-Zinal porque la organización entendió que una persona ciega tiene el mismo derecho a competir, aunque requiera condiciones adaptadas. Exigió un trabajo duro de concienciación, pero se consiguió.
Tras Sierre-Zinal, consideré que era capaz de realizar una actuación mucho mejor en la ETC. Aunque son 15 kilómetros, se trata de una prueba durísima con 1.200 metros de desnivel positivo que no te puedes tomar a broma. Creo que allí podré dar lo mejor de mí, que es a lo que voy. No necesito demostrar que puedo hacer más distancia; simplemente quiero lograr un buen rendimiento y dar mi máximo.
Es muy interesante lo que mencionas sobre el desgaste mental que supone correr siendo guiada. La otra persona corre contigo en un sentido estricto, exige una conexión emocional y física constante. Siendo tres personas en el equipo, requiere estar en sintonía no solo con tu propio cuerpo, sino también con el cuerpo, la mente y las señales de tus guías.
Hay un factor clave: aunque existe el agotamiento mental, la razón por la que corro por montaña es porque resulta muy estimulante. Es un reto enorme a todos los niveles que disfruto profundamente. En el trail todo cambia constantemente: ahora caminas, ahora corres, subes, bajas, el terreno se vuelve técnico o se allana. Es una aventura continua con un cambio de estímulos constante, pero agotador.
Si tuviera que definir el elemento esencial del guiaje con dos personas —una delante y otra detrás—, es, sin dudarlo, la confianza. Tienes que apoyarte en la fe ciega en quienes te guían; literalmente pones tu vida en sus manos. Para que exista esa confianza debe haber una conexión clara, y debes estar muy segura de con quién corres y de sus competencias para guiar.
Ser un supercorredor no implica ser un buen guía. Para guiar bien hacen falta otros atributos: ser muy observador, fijarse en los detalles, tener empatía y armarse de paciencia. Sobre todo, la clave reside en la capacidad de conectar a través de la confianza mutua.
Maria Petit disfruta de correr en la montaña y dar visibilidad a las personas con discapacidad a través del trailTONI GRASES - UTMBRespecto a esa confianza y conexión: ¿Cómo la vais tejiendo?, ¿Cómo entrenáis durante el año?
No es fácil encontrar personas para correr. En asfalto solo necesitas una persona y una cuerda; todo es más sencillo. Y aunque encuentres guías para las carreras, lo realmente complejo es encontrar gente para los entrenamientos diarios.
Para la carrera de Chamonix voy a correr con Elisa Mas, con quien llevo tres años compitiendo. Aparte de ser una atleta excelente, es una guía magnífica en la que confío plenamente. La otra corredora del equipo será Marianne Hogan, atleta de Salomon, con quien nunca he corrido. La confianza con Marianne radica en su experiencia previa como guía en triatlón paralímpico; por lo tanto, la empatía, la paciencia y la capacidad de pensar en el otro las tiene integradas. El día antes de la prueba quedaremos para entrenar, ajustar pautas y repasar las directrices básicas del uso de la barra direccional.
Habrá un factor sorpresa porque no sé cómo interactuará con la barra en carrera, pero confío plenamente en su trayectoria y experiencia. Aunque el triatlón sea distinto, reúne las características necesarias para ser una gran guía. En cualquier caso, mi base de confianza está en Elisa y en las personas con las que llevo años trabajando. No siempre puedo ir con los mismos guías; voy adaptándome según la disponibilidad y cuadrando agendas.
María Petit en la meta de Zinal tras llegar en menos de 6 horasSALOMON¿Cómo has vivido que están respondiendo pruebas como UTMB u otras organizaciones a la hora de adaptar sus recursos e integrar a deportistas con discapacidad?
En Cataluña, con la FEEC, y en España, con la FEDME, está regulado que las personas con discapacidad podamos participar con normalidad. Sin embargo, en mi última carrera en Sierre-Zinal me invitaban a hacerlo un mes más tarde junto a los voluntarios.
Para mí, correr no es solo una vía para socializar y disfrutar de la naturaleza, sino también una plataforma para defender los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad. Profesionalmente, trabajo en la inclusión social; hay límites por los que no estoy dispuesta a pasar. He luchado mucho para demostrar que podemos competir al mismo nivel organizativo que el resto, independientemente del tiempo que tardemos en completar el recorrido.
En contrapartida, existen iniciativas como el Team Adaptive de UTMB —proyecto iniciado en 2024 al que me incorporé en 2025—, que otorga visibilidad a deportistas con diversas discapacidades o condiciones médicas (desde supervivientes de cáncer hasta personas con trastorno del espectro autista). No buscan únicamente la foto del deportista con una discapacidad visible como una amputación o el uso de silla de ruedas, sino que dan cabida a todas las realidades.
Este proyecto está generando un impacto global enorme. Tras la edición pasada, recibí mensajes de personas con discapacidad visual de Estados Unidos, Australia y todo el mundo preguntando cómo usamos la barra o cómo iniciarse en el trail. Incluso dentro de Cataluña, personas con otras condiciones se han animado a correr tras ver la visibilidad de UTMB.
Además, la gestión organizativa del Team Adaptive es ejemplar: respetan nuestras necesidades de descanso y preparación previa. No nos imponen agendas de actos o compromisos de prensa que interfieran con la carrera, sino que priorizan nuestro rendimiento y bienestar. Creo plenamente en este proyecto porque demuestra que las limitaciones son fundamentalmente sociales.
Para mí, correr no es solo una vía para socializar y disfrutar de la naturaleza, sino también una plataforma para defender los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad
Corredora ciega
Entonces, ¿crees que se está produciendo un cambio real?
Existe una definición técnica: la discapacidad se manifiesta cuando una condición personal choca con barreras sociales, tecnológicas o de accesibilidad que limitan el desarrollo pleno de la vida cotidiana en comparación con el resto de la sociedad del momento. El reconocimiento administrativo busca compensar esas limitaciones estructurales, aunque en la práctica los derechos básicos sigan requiriendo reivindicación diaria.
Por eso, en cuanto a la transformación en el ámbito deportivo, sí creo que se está evolucionando, porque da la mayor visibilidad actual —impulsada también por las redes sociales—, permite que existan referentes. Cuando me quedé ciega, lo primero que hice fue buscar qué hacían otras personas en mi situación. En aquel momento apenas encontré referencias en el ámbito universitario o profesional, y casi ninguna en el deporte. Si cuando estaba en el hospital me hubieran dicho que subiría montañas corriendo, no lo habría creído; pensaba que no saldría de casa.
Los referentes son vitales para que los 4,3 millones de personas con discapacidad certificada en España —un 10 % de la población— vean que es posible realizar estas actividades o adoptar el deporte como un estilo de vida saludable, sin necesidad de enfocarlo a la alta competición. No obstante, el mensaje aún debe pulirse. A veces me incomoda el discurso paternalista o de admiración mal entendida, cuando se dice que "María corre para demostrar algo". Yo corro, en primer lugar, porque me gusta, me estimula y me conecta con la naturaleza. Si dependiera de la validación externa, terminaría agotada. Es positivo que surjan patrocinios u oportunidades profesionales, pero la motivación primaria debe ser propia.
La atleta María Petit y su perro guía ReaganTONI GRASES - UTMB¿Qué consideras que falta para que las organizaciones, deportivas o no, diseñen iniciativas con sentido pleno, más allá del impacto publicitario, y garanticen una accesibilidad real?
La accesibilidad y la inclusión deberían empezar en las calles y en la vida cotidiana. La otra cara de la moneda de no salir a la montaña sería quedarme en el sofá con opciones de entretenimiento muy reducidas debido a la falta de accesibilidad.
El problema de fondo es social: a una persona ciega le resulta hoy extremadamente complejo desplazarse o hacer la compra de forma autónoma con tranquilidad. Para mí, el deporte es un altavoz para reclamar esa dignidad básica en el día a día. Preferiría una sociedad donde las personas con discapacidad pudiéramos salir a la calle sin barreras o acceder al mercado laboral según nuestro currículum, antes que reconocimientos únicamente deportivos. Paradójicamente, el ámbito deportivo es donde nos sentimos más acogidos, incluidos y valorados como iguales, porque históricamente ha sido un espacio para explorar nuestros límites.
A nivel internacional queda camino por recorrer en algunas organizaciones; en España y Cataluña la normativa facilita más las cosas. Pero el cambio necesario es global: la sociedad sigue imponiendo limitaciones, mientras que el deporte nos ofrece una vía de libertad y bienestar. Para mí sigue siendo mucho más sencillo correr la MCC (40K) o la ETC (15K) en Chamonix que ir a hacer la compra. Mientras eso siga siendo así, tendremos un problema estructural que resolver.
Paradójicamente, el ámbito deportivo es donde nos sentimos más acogidos, incluidos y valorados como iguales, porque históricamente ha sido un espacio para explorar nuestros límites
Corredora ciega
Hablando de otras disciplinas: ¿Te planteas correr algún canicross con Reagan (perro guía)? Porque ahora también se está poniendo un poco de moda esta modalidad.
No, para nada. Mira, el otro día leí una noticia de que una persona con baja visión hizo el equivalente a los 8000 metros de desnivel del Everest en una montaña con su perro guía, y me llevé las manos a la cabeza. Cuando llegué a Estados Unidos en 2014 para tener mi primer perro guía en Míchigan, yo hacía atletismo de alta competición y pregunté al instructor si podría salir a correr con él para que me guiara. Me respondió que, si volvía a hacer una pregunta así, no me darían el perro. Eso para empezar.
Con Tavish, mi primer perro guía, sí iba más a la montaña, salíamos a correr y era más activo. Con Reagan no me lo planteo porque es absolutamente lo contrario: es súper tranquilo y bastante vago. Cuando intenta correr, a veces me lo ato a la cintura para ir por el paseo de mi pueblo y siento que llevo una pesa de 35 kilos detrás; no le gusta nada. O voy corriendo y él va caminando a mi ritmo por detrás, así que en un canicross quedaríamos los últimos. Como no le gusta, no le voy a obligar. Él tiene su función de perro guía y ya aguanta bastante: viajamos cada semana, cogemos AVE, aviones...
El hecho de que sea tranquilo también es muy positivo. Ante el nivel de estrés y la logística de viajar continuamente, se adapta muy bien y me aporta esa calma. Cuando va suelto, es muy escapista y corre muchísimo; le gusta hacer lo que quiere. Pero atado no le gusta correr en absoluto. Cuando está trabajando con el arnés, entra en modo tranquilo. Para mí, tener un perro guía es un regalo.
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