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La montaña que todo ciclista debe subir una vez en la vida

La montaña que todo ciclista debe subir una vez en la vida
  • MARC ZENON MCQUILLAN

    Barcelona

Actualizado el 30/10/2026 13:34 CET

Empiezo a pedalear por una carretera que abandona la costa de Castelldefels para adentrarme en el Parc Natural del Garraf, rodeado de vegetación mediterránea y con unas vistas espectaculares sobre el mar. Todo parece invitar a desconectar de la rutina y disfrutar de una tranquila ascensión por la montaña. Pero no será el caso.

En el asfalto no hay ninguna pintada que anuncie “Bienvenido al infierno”. No hace falta. Una de las primeras lleva el nombre de Chris Horner. En cualquier otro puerto podríamos entretenernos recordando la Vuelta a España de 2010, cuando el pelotón descubrió estas rampas e Imanol Erviti terminó conquistando la etapa en Vilanova i la Geltrú. Pero el Rat Penat no permite distracciones. Las pendientes de dos dígitos aparecen casi sin avisar y, cuando alcanzamos las rampas del 21%, bastante tenemos con mantener la bicicleta en movimiento.

Altimetria del Rat Penat realizada mediante Inteligencia ArtificialAmpliarAltimetria del Rat Penat realizada mediante Inteligencia Artificial

Aunque quizás el nombre de Horner merezca un pequeño esfuerzo de memoria. En 2013, el ciclista americano tenía 41 años y una carrera profesional que parecía acercarse a su final. Las lesiones habían puesto en duda su continuidad y el estadounidense comenzaba a plantearse la retirada. Fue entonces cuando su hijo le pidió que no dejara de competir. Le gustaba poder explicar a sus compañeros de colegio que su padre era ciclista profesional, que corría el Tour de Francia y la Vuelta a España. Aquella conversación se convirtió en su razón para seguir pedaleando.

Meses después, Horner se presentó en la Vuelta a España sin figurar entre los grandes favoritos y con un futuro profesional incierto. En las rampas de otro infierno, el Angliru, resistió los ataques de Vincenzo Nibali y terminó sentenciando una victoria que lo convertiría, con 41 años y 327 días, en el ganador de una gran vuelta más veterano de la historia. Después reconocería que para conseguirlo había tenido que buscar fuerzas en un lugar muy oscuro de su interior. Un lugar que, salvando las distancias, cualquier cicloturista puede encontrar cuando la pendiente del Rat Penat alcanza los dos dígitos.

Ni siquiera aquel triunfo le garantizaba un contrato para la siguiente temporada. Pero había conseguido algo mucho más importante: su hijo podría seguir presumiendo de padre ciclista. Y ahora, además, de padre campeón de la Vuelta a España.

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Horner tenía otra particularidad que lo acercaba al cicloturista de fin de semana: durante aquella Vuelta llegó a comerse doce hamburguesas antes de las etapas de montaña. Quizás no sea el ejemplo de nutrición que recomendaría un entrenador, pero algunos también encontramos en la promesa de una buena comida después de la ruta una motivación más que suficiente para salir a pedalear.

Juan Antonio Flecha, buen conocedor de estas rampas, recomienda a quienes afrontan el Rat Penat detenerse a disfrutar de las vistas. Aunque algunos seguimos su consejo por razones menos románticas. A veces paramos para contemplar el Mediterráneo. Otras, simplemente, para recuperar el aliento.

Cicloturistas en la popular ascensión Rat Penat en el GarrafCicloturistas en la popular ascensión Rat Penat en el GarrafDIPUTACIÓ DE BARCELONA

Todos tenemos una razón para subirnos a una bicicleta. Horner tenía la petición de su hijo. Nosotros tenemos las nuestras. Algunas son fáciles de explicar, otras no tanto. Y todas parecen perder parte de su sentido cuando avanzamos a duras penas por las rampas del Rat Penat, preguntándonos qué necesidad teníamos de abandonar la comodidad de casa para someternos voluntariamente a semejante castigo.

Pero seguimos pedaleando. Y cuando finalmente alcanzamos la cima, recuperamos el aliento y levantamos la vista, todo vuelve a tener sentido. El Mediterráneo se extiende a nuestros pies y el Garraf recupera aquella belleza que la pendiente nos había impedido contemplar. No hemos ganado una gran vuelta, ni hemos cumplido ninguna promesa extraordinaria. Simplemente hemos conquistado, a base de sufrimiento, una pequeña montaña que nos ha obligado a recordar por qué amamos este deporte. Porque a veces el infierno viene muy bien maquillado. Y pocas veces ofrece unas vistas tan bonitas.

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