El objetivo de la Champions
El Barça de Flick debe salir a por el triplete. Decirlo no es soberbia: es la consecuencia lógica de tener, por fin, una plantilla profunda, versátil y competitiva. Pero aspirar a todo no significa disputarlo casi todo con los “titularísimos”. La temporada es una maratón, y lo importante no es liderar la carrera desde el primer kilómetro, sino llegar fresco a los últimos diez. Esa es la lección que Luis Enrique muestra cada temporada. Rota sin complejos, reparte minutos, asume que en octubre se puede ceder algún punto pero aparece en febrero con sus futbolistas decisivos con las piernas nuevas. Porque febrero es cuando se empieza a definir la Liga, y marzo y abril cuando se juegan las eliminatorias que valen una carrera. Lamine Yamal tiene una juventud insultante, pero no hay cuerpo humano que soporte la locura de calendario que le espera entre el Barça y la selección. Flick debe convencerle a él, y también a Cubarsí, Pedri, Rodrigo, Raphinha o Fermín, de que descansar en Liga no es un castigo ni una pérdida de estatus: es inversión. En las dos últimas temporadas, el equipo llegó justo de fuerzas y con lesionados a la fase decisiva de Europa, y el cansancio se pagó con desajustes, expulsiones y goles encajados. Ahí está el PSG, que reserva fuerzas aunque su Liga no sea tan competitiva como la española. Por mucho que se haya reforzado el Madrid de Mourinho, este Barça puede sostener la hegemonía en España, incluso rotando. Y rotar es dosificar y alimentar la competencia interna, la mejor gasolina de un vestuario. No nos engañemos, la Champions es la corona que le falta a este proyecto.]]>
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