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Un hombre de casi 90 kilos levantó un país hundido que acababa de perder la final del Mundial

Un hombre de casi 90 kilos levantó un país hundido que acababa de perder la final del Mundial
  • MARC ZENON MCQUILLAN

    Barcelona

Actualizado el 07/08/2026 13:22 CEST

Para mí el Mont Ventoux no es una montaña, es una rueda. La rueda de mi compañero, que pedalea delante de mí como única referencia, un pequeño refugio contra el viento y contra mis propios pensamientos. En esa tarde de Junio no miro la cima ni calculo cuánto falta. Sólo trato de mantenerme allí, a unos centímetros de aquella rueda, consciente de que perderla significa quedarme solo frente al Gigante de la Provenza.

Hemos comenzado la ascensión a última hora de la tarde. A estas horas, el Ventoux ya no es la montaña abarrotada de las imágenes del Tour. Los múltiples ciclistas o ruidosos coches son solamente un recuerdo. Dentro del bosque sólo escucho mi respiración, la de mi compañero y el sonido de nuestras cadenas. La pendiente es constante, casi siempre por encima de los dobles dígitos, pero la verdadera dificultad está en la cabeza: pocas curvas, árboles que ocultan cualquier referencia y la sensación de pedalear sin avanzar. Nunca había hecho una subida tan dura.

Entonces aparece Chalet Reynard. El bosque termina de golpe y, durante unos segundos creo, iluso de mí, que también termina lo peor. Pero el Ventoux todavía nos reserva su golpe definitivo y hace honor a su nombre. Sin árboles que nos protejan, el viento nos golpea de frente y convierte los últimos kilómetros en una lucha todavía más lenta. Frente a nosotros, recortada por la luz del atardecer, aparece la torre de la cima. Parece cercana. Pero no lo está. No soy el primero que piensa esto.

18 JUL 1994: EVENTUAL STAGE WINNER EROS POLI OF ITALY CLIMBS MONT VENTOUX AFTER BREAKING AWAY FROM THE CHASING PACK ON STAGE FIFTEEN OF THE 1994 TOUR DE FRANCE. Mandatory Credit: Pascal Rondeau/ALLSPORTEros Poli, en julio del 94 ascendiendo el VentouxGetty Images: Pascal Rondeau/ALLSPORT

Mientras a duras penas avanzo pienso en Eros Poli, ciclista italiano de 1,94 metros y 85 kilos que pasó casi toda su carrera trabajando para sprinters, principalmente para Mario Cipollini, protegiéndolo del viento y preparando sus sprints. Un 18 de Julio de 1994 decidió desafiar a la lógica, en uno de los escenarios que suelen poner a todo ciclista en su lugar.

La misión: una alegría para Italia

El día anterior, 17 de Julio de 1994, Italia perdió contra Brasil la final del Mundial. A la mañana siguiente, con menos horas de sueño de las recomendadas, Poli se encontró ante su propio desafío imposible. Demasiado grande. Demasiado pesado. Así se describía él mismo. Se escapó cuando quedaban 170 kilómetros de etapa, y llegó a Bedoin, a los pies del Mont Ventoux, con casi 24 minutos de ventaja. Cuando le informaron que en el pelotón habían empezado los ataques se convenció que no llegaría a la torre el primero. Pero, pedalada tras pedalada y a golpe de riñón logró coronar todavía por delante de Pantani, Indurain y el resto de favoritos. Descendió hasta Carpentras para celebrar, con una reverencia al público, la victoria más improbable de su vida.

Por un instante, mientras pienso en Eros Poli y su reverencia al público en esa tarde de Julio, dejo de pensar en mis piernas, levanto la cabeza y veo la cima del Mont Ventoux. En cualquier otra montaña, divisar la cumbre supone un alivio. En el Ventoux sucede lo contrario. La torre aparece demasiado pronto y permanece allí, aparentemente inmóvil, mientras las piernas se vacían y el sol cae sobre ella. Cuanto menos queda del día, más grande parece la montaña y más pequeños nos sentimos nosotros.

MONT VENTOUX, FRANCE - JULY 14: The Tommy Simpson memorial at the top of Mont Ventoux during stage fifteen of the 2013 Tour de France, a 242.5KM road stage from Givors to Mont Ventoux, on July 14, 2013 on Mont Ventoux, France. (Photo by Charlie Crowhurst/Getty Images) *** Local Caption *** ;Monumento a Tom Simpson en el tramo final de la subida al Mont VentouxCharlie Crowhurst

Demasiado grande, demasiado pesado. Yo pienso exactamente lo mismo mientras persigo la torre. Durante días me he imaginado inclinando la cabeza en señal de respeto al pasar junto al memorial de Tom Simpson. Pero el Ventoux no concede fuerzas para ceremonias. Apenas consigo levantar la vista. Mi reverencia consiste simplemente en seguir pedaleando.

Eros Poli dedicó su carrera a ser la rueda que otros necesitaban. Aquella tarde comprendí el valor de ese trabajo a veces invisible. La torre señalaba el destino, pero no me acercaba a él. Fue la rueda de delante, ese refugio humano frente al viento, la que me ayudó a alcanzarlo.

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