Actualizado el 05/08/2026 18:43 CEST
Lo que empezó como una acción para ampliar una explotación ganadera terminó en los tribunales. Un ganadero australiano de 70 años, Daniel John Molloy, fue condenado por desbrozar 112 hectáreas de terreno en su granja de Tintinara (al sureste de Australia Meridional) sin autorización. Una decisión que, según la Justicia, evitó el pago de un permiso valorado en más de 2,2 millones de dólares australianos.
Los hechos tuvieron lugar en el estado de Nueva Gales del Sur, donde el ganadero ordenó la eliminación de más de un centenar de hectáreas de vegetación nativa mediante maquinaria pesada. Según la sentencia recogida por ABC News Australia, el terreno fue devastado sin la autorización exigida por la ley ambiental del Estado, que protege determinadas áreas de vegetación por su valor ecológico y su importancia para la fauna silvestre.
La tala destruyó el hábitat de varias especies protegidas
El Tribunal concluyó que la actuación incumplía la normativa vigente y condenó tanto al ganadero como a su empresa a pagar una multa de 84.000 dólares australianos. Además, el juez destacó que solicitar el permiso necesario habría supuesto el pago de más de 2,2 millones de dólares australianos al Fondo de Vegetación Nativa, una cantidad destinada a compensar el impacto ambiental de este tipo de actuaciones.
Más allá de la infracción administrativa, el caso llamó la atención por las consecuencias ambientales. La investigación determinó que la desforestación afectó a 18 especies de aves nativas, entre ellas varias catalogadas como prioritarias para la conservación de Australia.
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Pol RodríguezLa legislación de Nueva Gales del Sur establece que determinados proyectos que impliquen eliminar la vegetación nativa, deben compensar el impacto ambiental mediante pagos al Biodviersity Conservation Fund.
Además, conviene recordar, que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte de que la pérdida de hábitats naturales es una de las principales causas del declive mundial de la biodiversidad.
Un hábitat natural con aves entre vegetación autóctonaEn los últimos años, numerosos países han reforzado las normas destinadas a proteger los ecosistemas frente a actividades agrícolas, urbanísticas o industriales. Organismos internacionales como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) recuerdan que la destrucción y fragmentación de los hábitats constituye una de las mayores amenazas para miles de especies animales y vegetales de todo el mundo.
Por este motivo, muchas legislaciones contemplan sanciones económicas elevadas cuando se producen daños sobre espacios protegidos o sobre ecosistemas de valor ecológico.
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