Actualizado el 03/09/2026 07:00 CEST
En esta nueva etapa de El Chiringuito en Mediaset parece que no han salido ganando con las condiciones televisivas. Durante la cuenta atrás para el cierre del mercado, el programa tuvo más problemas técnicos que el wifi de un camping. En cada conexión con los reporteros a las puertas de los clubes, si no fallaba el micrófono, se congelaba la imagen o se cortaba la señal. Un verdadero desastre técnico que pone en evidencia la precariedad del sistema.
El tic-tac final es siempre adictivo y genera suspense. El espectador espera alguna sorpresa de última hora. Pero el martes por la noche, lo que sin duda fue insólito e impactante fue la salida del jugador Pablo García de las oficinas del Betis después de cerrar su traspaso al Racing de Santander.
El reportero Gonzalo Tortosa advirtió que iba a pasar el vehículo en el que iba el jugador. Dijeron que lo conducía su madre. La imagen era caótica por la reacción de los periodistas y los aficionados. A través del cristal, vimos a un hombre roto. Se tapaba la cara con las manos para evitar mostrar sus lágrimas y su expresión devastada. “¿Cómo estás?”, le preguntaba la prensa acercando los micrófonos a la ventanilla. “¡Está llorando, Josep!” exclamó el reportero algo alterado. “¿Un mensaje a la afición?”. Pablo García bajó la ventanilla del coche. Su madre, al volante, también lloraba. Los micrófonos y la cámara del Chiringuito se metieron dentro del vehículo. La imagen de la noche: un primerísimo primer plano del futbolista destrozado. Desde casa, lo veíamos a menos de un palmo de su nariz. Primero, el jugador sacó la cabeza. Intentaba hablar, pero no se le entendía nada por culpa del llanto. Balbuceaba algunas frases incomprensibles, con la voz rota. Hasta Paula Martínez, la voz del espectador en El Chiringuito, tuvo que secarse las lágrimas al verlo. “¿Por qué te has emocionado?”, le preguntó Pedrerol. El presentador quería explotar al máximo el melodrama. “Me ha dado mucha penilla” respondía ella. Al programa le faltó tiempo para repetir la escena del instante más dramático. “No estamos acostumbrados al sentimiento de los futbolistas”, sentenció Pedrerol. El fútbol se ha convertido en un reducto mediático donde cada vez se ejerce un mayor control sobre las imágenes y las reacciones. Es cada vez menos espontáneo y los roles de los futbolistas se van convirtiendo en patrones muy previsibles. En un cierre de mercado donde el dinero y la estrategia son los protagonistas, por una noche la emoción se hizo un hueco.
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