Actualizado el 26/07/2026 05:00 CEST
Confieso que una de mis mejores tardes de fútbol la viví en La Bombonera a finales del año 2000. Fue justo el partido posterior a la victoria de Boca contra el Real Madrid en la final de la Copa Intercontinental. Los xeneizes se enfrentaban a San Lorenzo y se pudo vivir en primera persona el temblor del estadio durante la solemne vuelta olímpica del equipo que dirigía Carlos Bianchi.
Mientras, un semidesnudo Diego Maradona asomaba la cabeza por el ventanal de su palco privado, acompañado del bailarín Joaquín Cortés, entonando con la voz rota las estrofas de la canción, ‘La mano de Dios’, que aquel verano había popularizado el cantante Rodrigo, muerto en accidente de tráfico unas semanas antes del estallido de éxito de uno de los mayores himnos dedicados a la controvertida figura del ‘Pelusa’.
Por aquel entonces el fútbol argentino vivía un momento efervescente, a pesar de que todavía no había aparecido desde Barcelona la figura de Leo Messi, pero ya se habían dado a conocer futbolistas codiciados en el mercado como Riquelme, Palermo, Aymar y Saviola. Que meses después protagonizó una transferencia récord entre River Plate y el FC Barcelona. Fue aquel fenómeno que Alfredo di Stéfano definió perfectamente con una frase lapidaria: “En Argentina se vende a los buenos futbolistas para poder pagar a los malos”. Ha pasado más de un cuarto de siglo XXI y el panorama viene a ser el mismo. Tal como se acredita con el reciente fichaje de Nicolás Otamendi por River, a la edad de 38 años y hará menos de dos con el retorno a Boca de Leandro Paredes, actualmente con 32. Ambos representan perfectamente la vileza del fútbol argentino, tal como se pudo comprobar en la reciente final del Mundial 2026, con un mal perder impropio de un equipo que defendía título y que estaba capitaneado por el más grande futbolista de todos los tiempos: Leo Messi.
En Argentina se reparte leña hasta en los entrenamientos. Que se lo digan al ‘Conejo’ Saviola, que con tan solo 16 años, poco después de su debut en Primera de la mano del ‘Pelado’ Díaz, fue cazado impunemente por el ‘Mono’ Burgos, con una patada que le podría haber arruinado la carrera. Con la presencia de dos caciques como Paredes y Otamendi, que extraexcede al fútbol más allá de los límites del reglamento, cuesta de imaginar cómo puede llegar a ser el próximo Clásico de Clásicos. Una nominación que se han apropiado los Barça-Real Madrid, pero que verdaderamente los derechos de autor pertenecen a la acérrima rivalidad que protagonizan ‘bosteros’ y ‘gallinas’.
El duelo promete hacer saltar chispas, con dos equipos liderados por futbolistas que no suelen hacer prisioneros. Y si no que se lo digan al barcelonista Gavi, zarandeado con malas artes por el nuevo jugador de Boca en la tangana posterior a la conclusión de la final del Mundial. A pesar de que el impulsivo mediocampista blaugrana intentase quitarle hierro al asunto, con el consabido “son cosas del fútbol”. Pero que le pueden servir al de Los Palacios de lección para no meterse en jardines ajenos, que con frecuencia se podría evitar.
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