
- Pablo Planas
Redactor Jefe
Actualizado el 06/10/2026 21:44 CEST
Cristiano Ronaldo ha roto su silencio. Una semana después de abandonar la concentración de Portugal en Copenhague en la víspera de un partido de Nations League ante Dinamarca tras una rueda de prensa de Jorge Jesus, con el que había tenido un desacuerdo ya en los anteriores días.
Comunicado íntegro de Cristiano Ronaldo:
"Esta es la verdad sobre lo ocurrido con Jorge Jesús.
Como prometí, he decidido contar, en primera persona y directamente, las circunstancias que rodearon la última concentración de la selección nacional.
Después del Mundial de 2026 preparé una carta dirigida al pueblo portugués, que todavía conservo, con las palabras que quiero dedicarles cuando abandone definitivamente nuestra selección.
Al término de la competición, ya en el vuelo de regreso desde Estados Unidos, el presidente de la Federación me pidió e insistió en que reconsiderara mi decisión de marcharme, porque la FPF quería que continuara.
Justo después, me pidió mi opinión sobre el nombre del actual seleccionador, que estaba valorando junto con otros nombres que no me reveló.
Le dije al presidente de la Federación que, en mi opinión, era la elección correcta.
Por eso, el día que se presentó al actual seleccionador, me alegré sinceramente por la elección. Era la opción adecuada, como están confirmando los resultados.
Unos días después recibí un primer contacto del nuevo seleccionador, que me dijo que quería reunirse conmigo en persona. Acepté y fijamos el encuentro para el final de mis vacaciones.
Nos reunimos en la Cidade do Futebol, donde mi club estaba realizando su concentración de pretemporada.
Aquel día, el seleccionador me dijo que contaba conmigo y que mi presencia era fundamental para su proyecto. Allí mismo me presentó un plan sobre mi participación. Me dijo que jugaría el primer partido y el último, y que, por motivos de gestión física, realizaría siempre entre tres y cuatro cambios por partido.
En ese momento planteó la posibilidad de que yo no viajara con la selección a Noruega y Dinamarca. Propuso que jugara el primer partido y me quedara en Portugal, para reincorporarme antes del partido en el Dragão.
Rechacé inmediatamente esta propuesta. Me parecía evidente que no podía aceptarla. No era porque no fuera a jugar los partidos fuera de casa por lo que iba a dejar de ser el capitán de nuestra selección. Ese privilegio de quedarme en Portugal no sería un buen ejemplo.
El seleccionador terminó estando de acuerdo con mi análisis.
En esta conversación estuvo presente Simão Coutinho, director deportivo del Al Nassr, la persona ante la que el actual seleccionador rendía cuentas durante toda la temporada pasada y uno de los responsables de su fichaje por el club en 2025.
La víspera del inicio de la concentración, el seleccionador acudió a mi casa en Lisboa, a petición suya, para mantener otra conversación conmigo. La conversación fue tranquila y se mantuvieron todos los principios acordados en agosto.
Jugué el partido de Alvalade y, aunque fui sustituido, no hice ningún problema por ello. Yo mismo le puse el brazalete a Bruno Fernandes, lejos de imaginar que quizá estaba dando mis últimos pasos como jugador y capitán de la selección nacional. Lo que me importaba aquel día era nuestra victoria. Ganar siempre es bueno; en Portugal y para mi país, todavía más.
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Manel BruñaA la hora de comer, el día del partido en Noruega, un ayudante del seleccionador se acercó a la mesa donde el grupo estaba comiendo y me informó de que el seleccionador quería hablar conmigo.
Para mi absoluta sorpresa, el seleccionador me preguntó si estaba en condiciones de jugar 30 minutos. Yo estaba completamente concentrado en mi recuperación física, integrado con mis compañeros como siempre y pensando que aquel día no jugaría. Sin ningún problema.
Esta petición se salía de mi plan de recuperación física y de entrenamiento —porque yo solo iba a jugar el día 4 en el Dragão—, pero, por supuesto, dije que sí. Me respondió que entonces debía estar preparado porque jugaría 30 minutos.
El resto lo sabe todo el mundo. Calenté desde el descanso, vi cómo pasaban los minutos y no fui llamado a entrar.
El seleccionador había incumplido su palabra conmigo.
Al final del partido solo quería que todo terminara con la victoria y estar solo. No fui a saludar a los aficionados. Un fallo cuya responsabilidad es exclusivamente mía y que no debería haber ocurrido. Pido disculpas a los portugueses que nos apoyaron intensamente allí, pido disculpas a los aficionados y pido disculpas a aquellos que, sin ser portugueses, quizá viajaron hasta allí para verme y a quienes pude haber decepcionado.
Cuarenta y ocho horas después mantuvimos una conversación —el seleccionador, Simão Coutinho y yo—, ya que él había sido quien había acompañado nuestras conversaciones en agosto. Fue un momento profundo, muy sincero, sin ningún tipo de filtro.
Acordamos que solo había una manera de cerrar este «caso»: que el seleccionador repitiera lo que acababa de decirme en privado, en presencia de Simão Coutinho, pero en la sala de prensa.
Lo acordado era sencillo: el seleccionador comenzaría la rueda de prensa con este asunto, con la intención de cerrarlo contando la verdad. Diría que yo nunca había pedido jugar ningún minuto, que había sido el seleccionador, y nadie más, quien me había propuesto el plan para esta concentración, que había sido un error hacerme salir a calentar y después no sacarme al campo y que, si volviera a ocurrir, no lo haría.
Terminamos aquella reunión con el seleccionador pidiéndome un abrazo, prometiéndome que diría en la rueda de prensa lo que acababa de decirme y que el asunto quedaría superado. Yo no jugaría en Dinamarca y jugaría el partido del Dragão. Todo ello, siempre, en presencia de Simão Coutinho.
A petición del seleccionador, posteriormente tuvo lugar una reunión por videoconferencia entre él, Simão Coutinho y Tiago Craveiro, en la que se resumió lo que habíamos hablado.
Se redactó un breve documento que yo mismo validé y que, con mi conocimiento, fue entregado al seleccionador, tal y como él había solicitado.
La rueda de prensa fue como todos sabemos: su actitud no tuvo nada que ver con nuestra reunión. Escuché expresiones y una agresividad que no creo haber merecido, una actitud de «yo quiero, yo puedo y yo mando» que nunca me había mostrado, ni remotamente, en privado el día anterior.
Las notas que validé fueron las siguientes:
«Creo que es importante, también porque es la verdad, aclarar algunas cosas antes de hablar de Dinamarca:
1. Fui yo mismo, y nadie más, quien propuso a Cristiano un plan para él esta temporada con la selección nacional. Fue una conversación larga y muy buena.
2. Sé cuánto vive y ama la selección y el peso que tiene en el mundo, y aún más el peso y la influencia positiva que ha tenido en la selección nacional durante 24 años consecutivos.
3. El plan que propuse a Cristiano fue aceptado.
4. Nunca cuestionó mis decisiones. Fue ejemplar, leal y profesional.
5. El partido de Noruega no formaba parte del plan que había diseñado para él. Sin embargo, consideré que había conseguido recuperarse físicamente del primer partido y le advertí de que quizá tendría que utilizarlo. Cristiano estuvo de acuerdo.
6. Cometí un error al hacer salir a calentar a alguien de la talla de Pelé o Maradona y después no ponerlo en el partido. Si fuera hoy, no lo haría.
7. Para cerrar el asunto: quiero a Cristiano en la selección. De hecho, no lo quiero poco, lo quiero mucho. Afortunadamente, él también cree en mí. Creyó en mí en el Al Nassr y también lo hace aquí.
8. Sobre no saludar a los aficionados. Ya hemos hablado de ello. Alguien que ha jugado más de 230 partidos con la selección no recibe lecciones mías sobre el amor a Portugal. Fue un momento de frustración que no borra nada. Es el jugador que más autógrafos firma, que más selfies se hace y que más cariño muestra a los aficionados. No inventemos problemas donde no los hay. Cuando no estamos contentos, reaccionamos. Eso fue todo».
Por lo tanto, ninguna de estas notas decía que el seleccionador tuviera siquiera que disculparse conmigo.
Era la segunda vez que había incumplido su palabra conmigo.
Decidí abandonar la concentración sin esperar a que se produjera un nuevo incumplimiento de su palabra. Para mí, la verdad sigue siendo lo más importante en las relaciones entre las personas. Por mucho que duela, que me digan la verdad. De hecho, en una conversación que mantuve con el presidente de la FPF y con el seleccionador la mañana del día de aquella rueda de prensa —ellos podrán confirmarlo perfectamente—, reafirmé que, si no me querían allí, debían decírmelo. Bastaba con que fueran sinceros conmigo. Yo lo aceptaría y prometí que prepararíamos algo bonito, como sueño que suceda, y nadie se marcharía enfadado. Lo recuerdo como si fuera hoy. Ambos respondieron al unísono que no. Que mi sitio estaba en la selección nacional.
Nunca, en ningún momento, he interferido en ninguna decisión técnica o táctica de ningún entrenador o seleccionador nacional en casi 25 años de carrera.
Acepto, para bien o para mal, lo que me proponen hacer. Respeto la decisión y, cuando incumplen su palabra conmigo, siento que mi sitio no está allí.
También debo pedir disculpas a mis compañeros de la selección por haber abandonado la concentración.
A pesar del absoluto incumplimiento de la confianza depositada en la palabra del seleccionador, como pueden atestiguar quienes presenciaron estas conversaciones, no debería haberlo hecho. La responsabilidad es exclusivamente mía.
Pido disculpas una vez más al pueblo portugués, pero el incumplimiento de la palabra dada tiene, para mí, un impacto determinante. Sentí que, a partir de ese momento, mi permanencia solo perjudicaría al grupo de trabajo y hice lo que siempre he dicho que haría si no sintiera que soy útil: hice las maletas y me marché.
Las consecuencias de este acto mío deben ser valoradas y sancionadas por la Federación Portuguesa de Fútbol. Entiendo que la sanción no debería contemplar ningún atenuante. No soy un jugador cualquiera; soy el capitán del equipo, y eso constituye un agravante.
Ya he pedido disculpas, pero sé que las actitudes deben tener consecuencias. Cualquiera que esté en el fútbol, como yo, sabe que, independientemente del estatus de cada persona, las reglas son las mismas para todos.
Sobre este asunto, he escuchado hablar mucho de partidos de despedida, de que debo tener una despedida digna y de que la Federación quiere darme esa oportunidad.
Aprendí en la vida, muchas veces con hambre y sin nada que comer, que nadie regala nada a nadie.
Puedo prometer a todos mis aficionados, naturalmente, y especialmente a todos los portugueses, que tendremos uno o varios partidos de despedida; habrá tiempo para ello.
Pero cuando pienso en la selección, lo que realmente pienso es en competir. Eso es lo que pensé el día que recibí la noticia de la muerte de mi padre.
Estaba concentrado con nuestra selección y decidí quedarme allí hasta el final del partido del día siguiente. Hice por el país algo que nunca haría por ningún club.
Por lo tanto, si estoy físicamente bien, jugando en mi club, espero que marcando goles, después de cumplir la suspensión que se me pueda imponer, estaré disponible, como siempre lo he estado hasta hoy, para competir y ganar con nuestra selección nacional.
Esta es, créanme, la más pura de las verdades.
Cristiano Ronaldo"
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